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Guillermo González Camarena no inventó la televisión a color

Por Juan Fernández · 8 de enero de 2026

Y la gente que lo repite no está mintiendo. Está repitiendo lo que le enseñaron. Eso es diferente, y peor.


Cada año, en algún momento cercano al 17 de febrero, la fecha del nacimiento de Guillermo González Camarena, la narrativa resurface en redes sociales mexicanas: "El mexicano que inventó la televisión a color". Fotos en blanco y negro. Infografías compartidas por cuentas institucionales. Orgullo nacional sintetizado en una oración.

El problema es que la oración es incorrecta. No en el sentido de que González Camarena no exista o no haya hecho nada: hizo algo real y notable. El problema es que la forma en que se cuenta esa historia colapsa una realidad compleja en un mito fundacional, y ese colapso produce un malentendido de cómo funciona realmente la innovación tecnológica.

Este artículo no es una demolición de González Camarena. Es una corrección de la narrativa. Y esa distinción importa.

Guillermo González Camarena, ingeniero mexicano, en su laboratorio
Guillermo González Camarena, ingeniero mexicano, en su laboratorio


Lo que sí hizo, con precisión

Guillermo González Camarena nació en 1917 en Guadalajara. En 1942, a los 24 años, registró en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos la patente número 2,296,019 bajo el nombre "Chromoscopic Adapter for Television Equipment". Tenía 17 años cuando comenzó a trabajar en el concepto.

El sistema era ingenioso. Consistía en un adaptador de disco giratorio con filtros de colores RGB que se colocaba frente a una cámara de televisión en blanco y negro estándar para capturar y transmitir señal de color. Era un sistema electromecánico: combinaba componentes electrónicos con piezas físicas en movimiento.

Diagrama de la patente USPTO 2,296,019: el sistema de adaptador cromoscópico de González Camarena

Eso es verificable, documentado, y genuinamente impresionante para alguien de su edad y con los recursos disponibles en México en esa época. No hay razón para minimizarlo.

Pero "registró una patente de un sistema de televisión a color" no es lo mismo que "inventó la televisión a color".


El ecosistema de inventores que la historia simplifica

La televisión a color no tiene un solo inventor porque no fue una sola invención. Fue una convergencia de soluciones paralelas a lo largo de varias décadas, desarrolladas por equipos en varios países, con diferentes aproximaciones técnicas.

John Logie Baird, el escocés que ya había demostrado televisión en blanco y negro en 1926, realizó demostraciones de televisión a color con sistema de disco giratorio en 1928, catorce años antes de la patente de González Camarena. El sistema de Baird era mecánico, rudimentario, y no llegó a comercializarse, pero establece que la idea del disco giratorio para color no nació en México.

John Logie Baird con uno de sus televisores experimentales
John Logie Baird con uno de sus televisores experimentales

Peter Goldmark, ingeniero húngaro-americano trabajando para CBS, desarrolló en los años 40 otro sistema de disco giratorio que llegó a obtener aprobación de la FCC en 1950 como estándar de televisión a color para Estados Unidos. Este sistema competía directamente con el de RCA y por un momento pareció que ganaría la batalla comercial.

No ganó. El sistema que terminó adoptándose como estándar fue el de RCA, completamente electrónico, sin discos mecánicos, sin piezas en movimiento. Ese sistema, basado en el tubo de rayos catódicos tricolor con máscara de sombra, fue el que definió la televisión a color durante las siguientes cinco décadas. Los ingenieros de RCA, encabezados por un equipo largo y con inversión masiva, produjeron la solución que el mundo usó.

Televisor RCA CT-100, el primer televisor a color comercializado masivamente con el estándar NTSC, 1954
Televisor RCA CT-100, el primer televisor a color comercializado masivamente con el estándar NTSC, 1954

González Camarena, Baird, y Goldmark pertenecen a la misma generación técnica: la del disco giratorio, el enfoque electromecánico. Es una rama evolutiva que no se convirtió en el tronco principal.


La analogía del repositorio

Una forma de entender la diferencia entre "contribuir a" e "inventar" es pensar en cómo funciona el desarrollo de software colaborativo.

Imagina un repositorio de código abierto con un problema difícil que mucha gente está intentando resolver al mismo tiempo. Alguien en México hace un fork, trabaja durante años, y desarrolla una solución funcional que resuelve el problema con su propia arquitectura. La solución funciona. Es elegante. Está bien documentada.

Pero en paralelo, un equipo más grande con más recursos desarrolla otra solución con una arquitectura completamente diferente, y esa solución es la que el mundo adopta como estándar. El fork mexicano queda como referencia histórica, como prueba de que la aproximación electromecánica era viable, pero no como la base del código que se usa hoy.

González Camarena es ese fork. Real, funcional, valioso como prueba de concepto. Pero no el main branch de la historia de la televisión a color.


El punto que casi nadie menciona

Hay un argumento que rara vez aparece en las celebraciones de González Camarena, y que hace la narrativa del "inventor" todavía más imprecisa: las pantallas que usamos hoy no tienen ninguna relación técnica con los principios de su sistema.

Una pantalla LCD moderna funciona mediante cristales líquidos que modulan el paso de luz a través de filtros de color. Una pantalla OLED funciona mediante materiales orgánicos que emiten luz directamente en rojo, verde, y azul cuando se les aplica corriente eléctrica. Una pantalla de plasma usaba gas ionizado. Un LED mini o micro usa semiconductores de nitruro de galio.

Una pantalla OLED moderna: subpíxeles RGB que emiten luz directamente, sin discos giratorios ni filtros mecánicos
Una pantalla OLED moderna: subpíxeles RGB que emiten luz directamente, sin discos giratorios ni filtros mecánicos

Ninguno de esos principios viene de discos giratorios con filtros de color. Ni siquiera el tubo de rayos catódicos, que fue el puente entre la televisión primitiva y las pantallas planas modernas, usaba los principios de González Camarena: el CRT usaba cañones de electrones y máscara de sombra, no filtros mecánicos.

En otras palabras: decir que González Camarena "inventó la televisión a color" no solo sobreestima su rol en la historia de esa tecnología específica. También imputa una continuidad técnica que simplemente no existe. Es como darle crédito por las pantallas de tu teléfono por haber patentado un caleidoscopio motorizado.


Por qué la gente lo repite y quién tiene la culpa

Aclarar esto no es una invitación a considerar tontas a las personas que comparten la narrativa del "inventor". Eso sería un error de diagnóstico.

La mayoría de las personas que repiten "González Camarena inventó la televisión a color" están repitiendo lo que aprendieron en la escuela primaria, en un libro de texto de la SEP, en una clase de historia. No están mintiendo ni siendo descuidadas. Están transmitiendo información que alguien más decidió simplificar de esa manera.

El problema no está en la gente que repite. Está en los sistemas educativos que simplifican la historia de la tecnología hasta volverla irreconocible, porque la versión simplificada produce cohesión nacional y orgullo, y la versión precisa produce... complejidad incómoda.

El mismo fenómeno pasa en otros países con otros inventores. Los estadounidenses con Edison y el foco eléctrico, ignorando a Tesla, Swan, y Latimer. Los italianos con Meucci y el teléfono, ignorando a Bell y a Gray. Los brasileños con Santos Dumont y el avión, ignorando los años de trabajo de los hermanos Wright. Cada narrativa nacional tiene su inventor mítico que resuelve la complejidad en una imagen.

González Camarena es el inventor mítico mexicano de la tecnología electrónica. El papel que ocupa en la narrativa es real aunque la narrativa sea imprecisa.


Lo que la versión precisa dice de González Camarena

Paradójicamente, la versión precisa de la historia hace a González Camarena más interesante, no menos.

Un adolescente en Guadalajara en los años 30, sin acceso a los laboratorios de RCA o de CBS, sin el presupuesto de las grandes corporaciones, llegó de forma independiente a una solución técnica válida para un problema que los mejores ingenieros del mundo estaban atacando al mismo tiempo. La patentó en Estados Unidos, en inglés, desde México.

Eso es notable. No porque sea el origen de todas las pantallas de hoy, sino porque es evidencia de que el ingenio no tiene geografía, de que los problemas técnicos complejos se pueden abordar con recursos limitados, y de que la solución no tiene que ganar para ser valiosa.

Si la narrativa oficial dijera "González Camarena fue uno de los pioneros globales de la televisión a color, y es el único mexicano en esa lista corta de ingenieros", sería completamente defendible. Orgullosa y precisa al mismo tiempo.

El problema es que "uno de los pioneros globales" no vende tan bien en una infografía de redes sociales como "el inventor".


Sobre la precisión como forma de respeto

Hay una forma de entender la corrección histórica que la convierte en un acto hostil: si digo que González Camarena no inventó la televisión a color, estoy minimizando un logro mexicano, reduciendo el orgullo nacional, borrando una contribución real.

Esa lectura es equivocada porque parte de la premisa de que el orgullo nacional requiere exageración para sobrevivir. Que la contribución real no es suficiente sin el mito encima.

Pero González Camarena no necesita el mito. Lo que hizo es suficientemente notable sin inflar. El problema de inflar no es que el sujeto no lo merezca; es que la inflación produce una comprensión falsa de cómo funciona la innovación tecnológica.

Si creemos que la televisión a color fue inventada por una persona en un momento específico, asumimos que las grandes tecnologías emergen de genios solitarios en momentos de iluminación. Eso es históricamente falso y pragmáticamente peligroso: lleva a buscar al genio individual en lugar de construir los ecosistemas de colaboración, inversión, e intercambio de conocimiento que realmente producen tecnología transformadora.

La historia precisa de la televisión a color, con todos sus inventores paralelos y sus branches que no prosperaron, enseña algo más útil: que la innovación es un proceso distribuido, que llegar antes no garantiza que te adopten, y que la solución correcta no siempre es la más elegante.

Eso es más valioso que el mito. Y es gratis: no requiere inventar nada que no ocurrió.


Fuentes y lecturas


Fuentes primarias: Patente USPTO 2,296,019 (1942), registros de la FCC sobre el estándar de televisión a color (1950-1953), historia técnica del sistema NTSC de RCA, y registros biográficos del Sistema de Información Cultural de México (SICULTURA).